Dandel en RomaTras haber juntado un poco de tiempo y de ganas, me he puesto a subir las fotos de mi viaje a Roma a Flickr. Tendréis que perdonarme, pues aún no sé utilizar demasiado bien este servicio, y quizás he subido las fotos en demasiada calidad…

Voy a contar un poco cómo me fue. Pulsad aquí para ver el álbum de fotos comentado :)

Cris y yo llegamos con antelación al Aeropuerto de Barcelona. No somos novatos montando en avión, pero digamos que nos da algo de pánico respeto. Así que las dos horas que esperamos hasta que salió nuestro vuelo fueron interminables. Además, yo tengo los oídos bastante sensibles y al aterrizar se me taponaron, por mucho caramelo que masticase. Aparte de eso, el vuelo fue muy tranquilo y agradable.
En el aeropuerto Leonardo Da Vinci de Roma hay un tren que te lleva directamente a la estación de Termini - a la que Sants tiene MUCHO que envidiar… por tamaño, por limpieza y por el moderno aspecto que lucen los andenes - situada en el centro de Roma. Nuestro hotel estaba a diez minutos caminando, pero durante el trayecto ya nos dimos cuenta de que las profecías se cumplían y las leyendas eran ciertas. En Roma el carné de conducir lo regalan en las ferias.

El capítulo de los conductores de automóvil en Roma - e imagino que en Italia en general - es un caso de estudio que merece un capítulo aparte. Y podría ser título de una tesis doctoral. Ahora que estoy aprendiendo a conducir, hay ciertas cosas que no entiendo. La primera es cómo se puede ir a velocidad caníbal por una calle con adoquines por donde si no vas en primera te cargas los amortiguadores del coche, y corres el riesgo de cortarte la lengua en rodajas a muerdos. La segunda para qué utilizan los pasos de peatones y los semáforos en Roma. La tercera es si alguno de ellos entiende el significado de conducir en sentido contrario. Y la quinta es cómo lo hacen los peatones para sobrevivir cada día si las calles que tienen aceras decentes son 4 mal contadas.

En fin… a todo esto llegamos al hotel. Muy bueno, por cierto. Se lo recomiendo a todo el mundo. Se trataba del hotel Duca d’Alba. Era un hotel pequeñito y muy acogedor, situado en el centro de Roma. Andabas tres minutos y tenías enfrente el Coliseo. El personal del hotel fue muy amable, y las habitaciones estaban reformadas. Estuvimos en una habitación que tenía una terracita ideal para tomar el desayuno por las mañanas - en verano -. A mí me encantó. Y muy barato, por cierto. Cuatro noches dos personas nos costó 390€. Si alguien me lo pide, puedo pasarle fotos de las habitaciones y del hotel.

Al día siguiente visitamos la Ciudad del Vaticano. Lo primero que vimos fue la Basílica de San Pedro. Tengo que admitir que me la imaginaba más pequeña… y también más austera. Pero ningún rincón del Vaticano se puede definir como sencillo. Más bien todo lo contrario. No sé cómo describir todo lo que allí se puede ver, pero quizás la palabra sería recargado. Enormes columnas de piedra coronadas por estatuas, cuadros y bóvedas pintadas hasta el último rincón, tapices que ocupaban un muro entero… y el Baldaquino, que es impresionante. También lo es la capilla Sistina, de la que no pude hacer fotos. Era un cachondo, este Miguel Ángel.

Si tengo que sacar conclusiones del Vaticano podría herir sensibilidades y despertar susceptibilidades, pero me quedé con dos detalles. El primero es que la mayoría de curas, papas y santos representados en frescos y esculturas aparecen rodeados de niños. La segunda, es que mientras más tesoros de incalculable valor tenga una iglesia, más “huchas” tienen para que contribuyas con tu donación. Política de empresa, supongo.

De momento lo dejaré aquí, o el post se va a hacer eterno. Continuará :)