Hace tiempo que no hablo de cómo me van las prácticas de coche. Desde la entrada que escribí cuando empecé. Que por cierto, se ha convertido en una de mis entradas más visitadas y comentadas. Desde aquí quiero mandar un saludo y ánimo a todos los que han encontrado en ese hilo un punto de encuentro donde compartir sus experiencias de conducción mutuamente. Ahora os explicaré un poco como voy.

Llevo casi treinta prácticas y ya más o menos tengo en mente presentarme al examen. Aún no sé la fecha, pero cuando la sepa; no se lo diré a nadie. Quizá os parezca una tontería, pero tengo mis razones. Me pondría muy nervioso y me sentiría muy presionado si la gente supiera que me presento… Y si suspendo tendría que aguantar lo que muchos habreis aguantado si habéis suspendido alguna vez. Por ejemplo:

“Pues yo me lo saqué a la primera”

Un clásico. Te dan ganas de contestar. “Pues muy bien. Felicidades.” Como si eso me ayudara a animarme o a conducir mejor. Quizás ayude al que te lo dice a sentirse superior a tí.

“¿¡Has suspendido!? Pero si es facilísimo, si hasta el tonto del pueblo sabe conducir.”

Esto te lo dirá alguien que aprobó de churro, o que simplemente no sabe conducir ni lo ha intentado nunca. De facilísimo no tiene nada, y hasta el más torpe tuvo que pasar por el proceso de aprendizaje por el que pasamos todos.

“Tu hermano/padre/primo se lo sacó a la primera”

Es una variante de la anterior, pero presiona más todavía. Sobre todo si eres el pequeño de la familia y tus hermanos mayores son los ejemplos a seguir en todo, incluído esto de conducir.

“Pues yo estoy hasta las narices de pagarte las prácticas, a partir de ahora págatelas tú.”

Esta ocurre si te están pagando las prácticas tus padres o tu mujer(u hombre) de 80 años forrada/o de pasta con quien que te casaste para heredar su fortuna. Te mete todavía más presión, porque piensas que como suspendas otra vez te vas a tener que poner a currar y dejar el carné de lado por falta de presupuesto… Y suele acabar en una discusión de que no haces nada en casa, que no estudias, que te tiras “to el dia de juerga” y que hace meses que no ordenas tu cuarto. ¡Qué tiempos! Aunque es peor la siguiente:

“¿Ya habrás ahorrado por si pasaba esto, no? Porque yo no tengo un duro.”

En este caso te lo estabas pagando tú todo, y te lo dicen para dejar claro que ni se te ocurra pedir prestado. En la anterior aún había posibilidad de convencer a tus padres. En esta mejor no albergues duda.

“Bueno, no te preocupes, ya aprobarás la próxima. Mientras no hagas como Mengano que aprobó a la 12ª… ¡ja ja ja!”

Esta de entrada parece que empieza bien, dándote ánimos, tranquilizarte… Pero luego TE PEGA EL HACHAZO. ¿Y si resulta que necesito presentarme 12 veces qué? Mientras más me acerque al fatídico número más nervioso estaré. Menuda presión subliminal…

En resumen… que prefiero no decirlo hasta que no haya aprobado. Por lo demás las prácticas me van bien. La profesora me sigue diciendo que me falta soltura, que se me ve inseguro… pero muchos de los fallos de novato que cometía ya no los hago. A veces me despisto y me salto un semáforo en ámbar por ir demasiado rápido… O no dejo pasar a los peatones-kamikaze y la tía se mosquea…

No sé si he explicado alguna vez lo que son los peatones-kamikaze. Los peatones-kamikaze son aquellos indecisos individuos que no sabes si van a cruzar o se han parado a admirar la fachada del edificio. Y que cuando menos te lo esperas… ¡se te tiran encima del capó! Poneos en situación:

  • Vais en una calle urbana, estrecha de un carril y un sentido. A cuarenta por hora.
  • A lo lejos veis un peatón que parece que va a cruzar. Su semáforo está en rojo, pero como ve que el coche tiene el cartelón de la autoescuela, se arma de valor y pone un pie en la calzada.
  • Lo veis y pegais el frenazo, pensando que el muy suicida pretende cruzar con el semáforo en rojo. A la velocidad que vais… el frenazo se hace evidente.
  • Mientras frena, el peatón se ha dado cuenta de que casi lo atropellas, así que se lo piensa mejor y quita su piececito del paso de peatones.
  • Le miras a la cara, y como el coche no se ha parado aún, al ver que se lo piensa mejor, vuelves a acelerar.
  • En ese momento, al peatón se le cruzan los cables y se decide a pasar. Ha visto que estabas frenando, y eso le ha devuelto la confianza en sí mismo. En su pequeña cabecita no es capaz de imaginarse que ya estás pisando de nuevo el acelerador y decide convertirse en un peatón-kamikaze de reglamento. Se tira a la calzada con la misma fe ciega con la que Indiana Jones cruzó el puente invisible en “La Última Cruzada”, y con un ligero trotecito.
  • Evidentemente, tú pegas el frenazo y las ruedas derrapan. Suspendido.

Eso. Eso es un peatón-kamikaze. A más de uno le deberían quitar los puntos de peatón. ¡Ah! y recordadme que otro día hable de los motoristas XD.