No dije nada, pero estas dos últimas semanas me cogí vacaciones en el trabajo. ¡Ah!… ¡Qué bien sienta acostarse a las tantas, pegarse la gran viciada a la X360, tener tiempo para ir quitándole a la Wii el polvo que va cogiendo de no usarla, leer un poco, ver la tele, echarse una siesta… Eso es vida. No sé por qué tenemos que trabajar, la verdad. Con lo bien que se está en casa y cobrando.

Pero sin duda, lo peor de las vacaciones siempre es volver. Y si vuelves, y nada más llegar te cae un marrón encima… ni te cuento. Aunque la peor vuelta de vacaciones que puedes tener, quizás sea la siguiente:

  • Cuando te vas, te vas dejando un marrón resuelto. Te vas un poco más tarde de lo que deberías, pero como vas a estar de vacaciones lo acabas de solucionar para irte tranquilo. Bueno, en realidad te vas a ir tranquilo igualmente, pero lo que no quieres es encontrártelo al volver
  • Te pegas dos semanas de puta madre en las que no piensas en absoluto en el trabajo. Si hubiese una unidad para medir el tiempo lo suficientemente pequeña, quizás os haríais a la idea de lo que he pensado en el curro durante este tiempo. Pero qué lastima, no existe
  • Al volver, te encuentras el gallinero revolucionado. La gente reunida en corrillos, con ojeras y con cara de pocos amigos. “¿Qué pasa?”, preguntas. Y la gente te mira como diciendo: “Cabrón, te has ahorrado dos semanas de infierno”. Entre conversación y conversación surge la palabra “Sábados”, la palabra “Domingos” y la más temida de todas: “horas”.

Efectivamente, el marrón que dejaste aparcado antes de irte (el cual era de dimensiones dantescas, pero entre tu jefe y tú acordásteis continuar después de tus vacaciones) se ha reproducido. Ha mutado, se ha hecho más grande y ha salpicado a toda la oficina. Es lo que tiene cuando al cliente se le hinchan los cojoncillos.

Debo aclarar que el Big Brown me fue asignado poco antes de marcharme. En plan: “vete mentalizando, que ya verás cuando vuelvas”. Y efectivamente, debería haberme mentalizado. Si os dedicáis al desarrollo informático os habréis encontrado sin duda con este tipo de situaciones… un proyecto que ha ido cambiando de manos, en el que la última persona que lo conocía a fondo ya no está en la empresa, y con demasiado tiempo de retraso en la entrega. Si a esto le añadimos que está diseñado como el culo, y funciona como un ídem, tenemos el prototipo perfecto de Marrón completo.

Total, que la gente está muy quemada porque los reunieron la semana pasada para pedirles un pequeño esfuerzo entre todos. Veréis, cuando te piden un pequeño esfuerzo entre todos, significa que te vas a tener que quedar a hacer más horas que un reloj, venir sábados, domingos y festivos, y alimentarte a base de pizzas. Y  con el todos se refieren a todos menos los que se deberían hacer responsables del marrón. Es decir, los jefes.

Pero bueno, son cosas del trabajo… todo este rollo venía porque la situación me ha recordado a uno de los textos más míticos de Internet: El manual de marrones.

¡Ay!… Qué razón tiene ;-)