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Pues sí, hermanos. Yo no me considero una persona especialmente religiosa ni espiritual, pero lo que he presenciado este fin de semana no tiene explicación, ha sido casi un milagro. Mi Nintendo Wii, murió y resucitó en un fin de semana.

Resulta que estaba yo jugando al Fire Emblem: Radiant Dawn, un título al que desde hace mucho tiempo tenía ganas de hincar el diente. Cuando, de repente, y en mitad de una cruenta batalla… ¡zas! La consola se apagó sin esperármelo. “¿Qué porras ha pasado?”, me pregunté. Busqué el botón de encendido en la parte frontal, y mi blanquita no reaccionaba. “¡Sa muerto!”, fue lo primero que pensé. Intenté cambiarla de enchufe, y tampoco. Resignado, ya me empecé a hacer a la idea de que tendría que llamar el lunes al servicio técnico para mandarla a reparar.

Al día siguiente, intenté volverla a arrancar, pero tampoco respondía. Así que decidí buscar en Internet y entrar en mi foro habitual - no digo el nombre para que no os riáis de mi - para preguntar si a alguien le había pasado algo parecido. Afortunadamente, así fue, y me dieron la solución: Había que desenchufar la consola de la corriente un par de horas y luego funcionaría. Así de fácil, sólo había que tener un poco de fe. Lo hice, y la dejé desenchufada tres horitas, - por si las moscas - y efectivamente, mi consola resucitó como si nunca le hubiese pasado nada.

Ya sabéis, si os pasa sólo tenéis que darle un respiro al zurullo de transformador de la Wii, cuyo disipador de calor deja bastante que desear. No, si al final la PS3 va a ser la única consola que no de problemas….

Imagen obtenida del blog De Morelos para el Mundo