La semana pasada me sorprendí al ver que el tema de portada del diario “Qué!” trataba sobre la industria del videojuego. La noticia, que salía en portada y además ocupaba las dos primeras páginas; era que las ventas de videojuegos consolas alcanzaron 1.454 millones de euros en España en 2007, con un crecimiento del 50%. Por primera vez en la historia, la recaudación obtenida fue mayor a la de la industria del cine y de la música juntos. No me sorprendí por la noticia en sí, que ya era un hecho de sobras conocido en el mundillo desde hace tiempo; sino porque un medio generalista dedicase su artículo principal y un espacio en la portada a ese hecho. ¿Qué ha pasado?

¡Oh!, espera… ¡ya lo entiendo! los videojuegos dan pasta. Me imagino al director editorial enterándose de la noticia y pensando: “¡Maldita sea! ¡Aquí hay dinero!” Y he individualizado en el “Qué!“, pero se han hecho eco medios como El Mundo, La Vanguardia o incluso Enrique Dans (o como diría Enjuto Mojamuto, “edans”).

Si señor, los videojuegos dan dinero. Mucho dinero. De hecho, parece que es el sector de ocio que más dinero genera y una industria en crecimiento, y muchos se están dando cuenta ahora. Comienza a haber secciones de videojuegos en medios generalistas (se me ocurre el diario Metro, o el Marca; por ejemplo), se habla de videojuegos en los telenoticias… y no sólo para rajar de la violencia como en Antena 3.

Pero… ¡oh! espera… ¿he dicho en crecimiento? ¡no es posible! ¿Acaso la piratería no está haciendo un daño irreversible a la industria como muchos vaticinan? Pues parece que no, porque las compañías están ganando más dinero que nunca. ¿Cómo puede ser? No me lo explico… Si se pierde tanto dinero, no se deberían tener unos beneficios tan brutales, y tampoco se deberían hacer inversiones multimillonarias en nuevas producciones. Cada vez nos encontramos con juegos más ambiciosos económicamente, en los que se ha hecho un gran esfuerzo económico tanto en el equipo de desarrollo como en la campaña de marketing. Esto no sería posible de otro modo que no fuese obteniendo unos beneficios tan positivos que justifiquen ese desembolso. Entonces, ¿quién tiene razón? ¿las compañías pierden dinero o simplemente sus beneficios no son tan buenos como quisieran?

Por último, una reflexión final. Resulta paradójico que en España el crecimiento del mercado de consumo se haya incrementado de ese modo y no lo haya hecho en consonancia con el desarrollo local. Un público de casi nueve millones de jugadores, cada vez más diversificado gracias a la irrupción de los juegos casuales y títulos para mayores no atrae la atención de las inversiones nacionales como cabría esperar. Seguimos a la cola de Europa en el desarrollo de videojuegos. Ojalá ahora que los medios se están dando cuenta del dinero que se mueve, alguien fije los ojos en los estudios locales y recibamos la inversión y la atención que nos hace falta. Vale mucho más la pena dar dinero a un Planet Delta que a mamarrachadas como “El Penalti más Largo del mundo“.