Durante mi infancia, cuando llegaba del colegio daban poca cosa interesante por la tele. Mis padres siempre han sido aficionados al cine, y por suerte para mi siempre he tenido en casa una buena colección de películas a mi disposición. Por aquél entonces, eran VHS. La tónica habitual de mis tardes era ver, una tras otra las cuatro trilogías que marcaron mi infancia: Indiana Jones, Regreso al Futuro, La Guerra de las Galaxias y La Jungla de Cristal. Cuando acababa con la tanda, volvía a empezar. Creo que las he visto todas unas doscientas veces. Y si tenéis hijos o hermanos pequeños a quienes les encante una película, creeréis que es posible lo que os digo.

Por ese motivo, desde que me enteré de que iban a hacer la cuarta parte de Indiana Jones, me invadió una mezcla de sentimientos enfrentados: por un lado, la alegría de poder ver en la gran pantalla a uno de mis héroes favoritos de la infancia. Pero por otro, el miedo a la decepción, o a que no sepan recuperar la esencia de las películas anteriores. Y es que 19 años son muchos años, para todos.

Tras ver la película, ambos miedos se confirmaron. Indy ha vuelto, y aunque Harrison Ford ya esté viejuno, se ha adaptado bastante bien al papel. El resto de actores tampoco lo hacen mal, mención especial para Cate Blanchett y Shia LeBeouf, que me sorprendieron gratamente. Y la película está llena de guiños a las anteriores, dirigidos a los fans. Y en cierto modo, parece una película pensada para los fans de Indiana Jones. Aunque esto no tiene por qué ser una virtud.

En “El reino de la calavera de cristal” veremos a un Dr. Jones envejecido, que ya ha dejado atrás la Segunda Guerra Mundial y varias aventuras increíbles a su paso. Aunque aún le quedan tiros que pegar. En esta ocasión la acción se sitúa en plena guerra fría, en la que Estados Unidos y la Unión Soviética compiten en hacerse con la tecnología más avanzada para dominar el mundo. Tras el lanzamiento de la bomba atómica por parte de EEUU, la URSS busca algo con lo que poder hacerles frente, y ese algo podría estar en un almacén secreto del gobierno norteamericano. Algo que Indiana Jones conoce. Así se involucra de nuevo Indy en una nueva aventura en la que tratará de salvar el mundo una vez más.

A partir de aquí, la estructura de la película sigue a rajatabla el patrón narrativo de las anteriores, con poco margen para los giros argumentales o las sorpresas. Quiero decir con esto que, aunque las tres primeras películas seguían una línea común y predecible, había un hueco para las sorpresas, la intriga y tenían algo que te hacía preguntarte cómo iban a resolver el desenlace de la apasionante historia. Los enigmas tenían un toque místico y espiritual, la investigación que hacía llegar a los protagonistas al objeto sagrado era apasionante y les llevaba a recorrer ciudades de todo el mundo reuniendo pistas. Fueron tres películas que sentaron las bases de lo que debe ser una buen “film” de aventuras.

“El reino de la calavera de cristal” es diferente. El hilo argumental es demasiado obvio, demasiado predecible y se echa de menos un mayor esfuerzo en el guión de los personajes, demasiado planos. Desde el principio se intuye lo que va a pasar, cuál es la respuesta al enigma. Y cuando al final, se confirma ante tus ojos; piensas: “No puede ser”. No puede ser que hayan recurrido a una solución tan fácil y manida. ¿Dónde está la intriga? ¿La investigación? ¿El misterio? ¿Y el misticismo? Se ha sacrificado todo eso para alargar interminablemente las persecuciones y las escenas de acción, haciendo gala de efectos especiales y animaciones por ordenador. Cuando, lo ideal habría sido aprovechar la madurez del protagonista para escribir un argumento más pausado e intrigante. Con sus escenas de acción de siempre, pero sin olvidar momentazos como la forma en que Indiana descifra las pistas que se va encontrando.

George Lucas dijo en el festival de Cannes, tras ver las miradas que le dirigían los telespectadores; que habíamos perdido la inocencia que teníamos cuando vimos “El Arca Perdida”. Yo creo que tiene parte de razón, pero sobre todo creo que ha sido él el que ha perdido su “toque”. La fórmula del éxito de películas como “Los Goonies”, la trilogía de “La Guerra de las Galaxias” o “Indiana Jones” se basaba en un argumento atractivo y divertía al espectador, sin abusar de efectos especiales o de tiroteos y acción. Pero desde que la Industrial Light and Magic se ha convertido en el estandarte de la factoría Lucas, sus películas se han convertido en una burda exhibición de las habilidades de sus animadores y de efectos recreados por ordenador. Quizás para maquillar la falta de ideas, y el recurso fácil en el que se convierten sus últimos guiones. La nueva trilogía de La Guerra de las Galaxias fue un cúmulo de despropósitos en la que lo único digno de recordar era la banda sonora, y la nueva película de Indiana Jones me ha dejado casi igual de frío.

Hay gente que me ha dicho que no le ha gustado la película porque “es más de lo mismo”. Otros, sin embargo, también me dijeron que precisamente les gustó por el mismo motivo. El problema que tengo yo, es que no creo que esta película sea digna de considerarse dentro de la saga de Indiana Jones. Es la peor con diferencia, y no ha estado a la altura de las demás. Como película de acción, es entretenida, pero para nada imprescindible. La mandaría “al espacio entre los espacios” y no volvería a verla, porque me entristeció haber esperado tanto tiempo para acabar viendo morir cinematográficamente a uno de mis héroes de la infancia.